Una nueva encuesta realizada entre 1.000 pastores de Estados Unidos ha puesto sobre la mesa una realidad que debería hacer reflexionar profundamente a las iglesias: el 82 % de los participantes afirmó haber considerado seriamente abandonar el ministerio pastoral durante los últimos cinco años.
El dato procede del Culture Resurrection Index (CRI), un estudio encargado por el pastor y formador de liderazgo Jared Fabac, pastor principal de One City Church, en Virginia Beach. La investigación sirvió como base para su próximo libro sobre liderazgo y cultura organizacional en las iglesias.
El 82 % no significa que ocho de cada diez pastores hayan abandonado realmente sus iglesias. El estudio señala que consideraron seriamente dejar el ministerio en algún momento durante los últimos cinco años.
La diferencia es importante. El dato no describe un éxodo consumado de pastores, pero sí revela un nivel considerable de presión, frustración y cuestionamiento vocacional dentro del grupo encuestado.
La cultura de la iglesia aparece como un problema central
Entre aquellos pastores que habían considerado abandonar el ministerio, el 74 % identificó la cultura como el principal motivo, por encima de cuestiones relacionadas con la remuneración. El concepto engloba problemas como las relaciones entre miembros del equipo, las dinámicas de liderazgo y el funcionamiento interno de las organizaciones eclesiales.
Esto resulta especialmente relevante porque, cuando se habla del desgaste pastoral, es habitual pensar inmediatamente en largas jornadas de trabajo, salarios insuficientes o falta de vacaciones.
Sin embargo, esta encuesta apunta hacia otro problema: las relaciones y los conflictos dentro de las propias iglesias pueden convertirse en una carga particularmente difícil para quienes las pastorean.
Un pastor no solamente prepara sermones.
Escucha problemas matrimoniales, acompaña enfermos, visita familias en duelo, participa en reuniones, intenta resolver conflictos, forma líderes, toma decisiones administrativas, atiende emergencias y, al mismo tiempo, carga con la responsabilidad espiritual de enseñar y cuidar a una congregación.
Cuando a todo ello se añaden relaciones deterioradas dentro del equipo o conflictos congregacionales prolongados, el peso puede llegar a ser considerable.
Detrás del pastor que predica cada domingo existe también una persona que puede cansarse, sentirse sola, sufrir conflictos y atravesar temporadas de profundo agotamiento.
El 63 % afirma no haber recibido formación para afrontar conversaciones difíciles
Otro de los resultados destacados del Culture Resurrection Index tiene que ver con la preparación de los líderes.
El 63 % de los pastores encuestados aseguró no haber recibido formación mediante un método repetible para ofrecer feedback difícil, mientras que el 77 % indicó que habría deseado aprender antes cómo modelar y desarrollar una cultura saludable dentro de sus organizaciones.
Para Fabac, esta carencia ayuda a explicar parte de los problemas.
El pastor sostiene que muchos ministros son preparados para predicar y enseñar las Escrituras, pero posteriormente descubren que dirigir una iglesia también les obliga a afrontar situaciones de liderazgo para las que quizá nunca recibieron formación específica.
La cuestión no debería entenderse como una crítica a la formación bíblica o teológica. La enseñanza correcta de la Palabra continúa siendo fundamental para cualquier ministerio pastoral.
Pero dirigir una congregación también implica aprender a resolver conflictos, establecer límites, formar equipos, comunicar decisiones difíciles y desarrollar relaciones saludables.
Otros estudios también muestran señales de desgaste pastoral
Aunque las cifras del Culture Resurrection Index son especialmente elevadas, no aparecen completamente aisladas.
Investigaciones recientes de Barna Group muestran que muchos pastores estadounidenses continúan enfrentándose a importantes desafíos relacionados con su bienestar.
En julio de 2026, Barna informó que el 52 % de los pastores consultados identificaba su salud mental y física como una de las áreas en las que más necesitaba ayuda. Las relaciones de apoyo aparecían en segundo lugar, con un 41 %.
La misma investigación mostró otro dato significativo.
En 2015, el 72 % de los pastores decía estar “muy satisfecho” con su vocación. En 2026, esa proporción se situaba en el 52 %, una caída de veinte puntos porcentuales en once años.
Sin embargo, Barna también advierte que algunos indicadores de agotamiento pastoral han mejorado respecto a los momentos más difíciles vividos durante la pandemia. Es decir, la situación presenta matices: el agotamiento ha disminuido en algunos aspectos, pero la satisfacción profunda con la vocación todavía no ha regresado a los niveles registrados años atrás.
La soledad también puede acompañar al ministerio
Uno de los problemas menos visibles del pastorado es la soledad.
Una investigación de Barna publicada en enero de 2026 encontró que más de dos de cada cinco pastores afirmaban sentirse aislados con frecuencia, mientras que solamente alrededor de uno de cada tres decía tener una persona fuera de su iglesia en quien pudiera confiar plenamente para hablar de asuntos personales.
Es una paradoja dolorosa.
Un pastor puede estar continuamente rodeado de personas y, sin embargo, sentirse profundamente solo.
Puede conocer los problemas de muchas familias mientras encuentra muy pocas personas con quienes compartir los suyos.
Puede escuchar a todos y descubrir que no sabe con quién hablar cuando él mismo necesita ser escuchado.
La posición de liderazgo no elimina la necesidad de amistad, descanso, cuidado espiritual y acompañamiento. En muchos casos hace esas necesidades todavía más importantes.
¿Por qué abandonan realmente algunos pastores?
Una investigación diferente realizada por Lifeway Research ayuda a poner el nuevo estudio en perspectiva.
Lifeway entrevistó a 730 antiguos pastores protestantes que habían dejado el ministerio. En esa investigación, publicada en agosto de 2025, el motivo más frecuente fue un cambio en el llamado o vocación, señalado por el 40 % de los participantes.
Pero también aparecieron otros problemas importantes: el 18 % mencionó conflictos dentro de la iglesia y el 16 % señaló el agotamiento, mientras que cuestiones familiares y financieras también figuraron entre las razones mencionadas.
Estos resultados recuerdan algo fundamental: no existe una única causa detrás de la salida de un pastor del ministerio.
Cada historia puede ser diferente.
En algunos casos existe agotamiento. En otros, conflicto. En otros, enfermedad, circunstancias familiares, dificultades económicas o simplemente la convicción de que Dios está dirigiendo a la persona hacia una nueva etapa.
Por eso, sería incorrecto reducir todos los casos a un único problema.
Una precisión importante sobre el nuevo estudio
El dato del 82 % merece atención, pero también debe presentarse con rigor.
El Culture Resurrection Index fue encargado por Jared Fabac y está relacionado con la investigación utilizada para desarrollar su próximo libro, Leading Lazarus: 8 Transformational Frameworks to Resurrect Your Culture. La comunicación pública del estudio afirma que participaron 1.000 pastores.
Sin embargo, los materiales públicos consultados no detallan aspectos importantes de la metodología, como el procedimiento utilizado para seleccionar a los participantes, la distribución denominacional de la muestra o un margen de error estadístico. El comunicado señala que la metodología y el conjunto de datos pueden solicitarse para revisión por periodistas acreditados.
Por ese motivo, el 82 % debe presentarse exactamente como lo que es:
El 82 % de los 1.000 pastores participantes en esta encuesta afirmó haber considerado seriamente abandonar el ministerio; no puede afirmarse, basándonos únicamente en los datos publicados, que el 82 % de todos los pastores estadounidenses piense de la misma manera.
Esta precisión no disminuye la importancia del estudio. Al contrario, permite abordar un asunto delicado sin convertir una encuesta en una afirmación más amplia de lo que sus datos permiten sostener.
¿Estamos cuidando a nuestros pastores?
Más allá de los porcentajes, esta noticia debería llevar también a las congregaciones a hacerse una pregunta incómoda:
¿Quién cuida a quienes pasan gran parte de su vida cuidando a los demás?
La Biblia enseña a reconocer y valorar a quienes trabajan sirviendo a la comunidad cristiana:
“Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor”.
— 1 Tesalonicenses 5:12, RVR60
Esto no significa idealizar al pastor ni colocarlo por encima de la corrección.
Los pastores también pueden equivocarse. Necesitan rendición de cuentas, corrección, madurez y humildad. Una iglesia saludable no crea líderes intocables.
Pero tampoco debería crear líderes desechables.
A veces las congregaciones esperan que un pastor esté disponible permanentemente, resuelva todos los conflictos, visite a todos los enfermos, predique cada semana con excelencia, mantenga una familia ejemplar, lidere cada proyecto y nunca muestre cansancio.
Esa expectativa no solamente es poco realista: puede terminar siendo profundamente dañina.
El pastor también necesita ser pastoreado
Hay una frase que durante años se ha repetido dentro de muchas iglesias: el pastor también necesita un pastor.
Y tiene mucho sentido.
Necesita personas con quienes hablar sin temor.
Necesita descanso.
Necesita límites saludables.
Necesita amigos que no se acerquen a él únicamente porque ocupa una posición de liderazgo.
Necesita poder reconocer que está cansado sin sentir que hacerlo equivale a fracasar espiritualmente.
Y, cuando sea necesario, también necesita poder solicitar ayuda profesional.
El apóstol Pablo escribió:
“Sobrellevad los unos las cargas de los otros”.
— Gálatas 6:2, RVR60
Ese “los unos” también incluye a quienes predican desde el púlpito.
Una iglesia sana no solamente pregunta qué puede hacer su pastor por la congregación. También se pregunta cómo puede la congregación cuidar, sostener y acompañar a su pastor.
Una llamada para toda la Iglesia
El dato del 82 % puede resultar impactante, pero debería servir para algo más que generar titulares.
Puede convertirse en una oportunidad para revisar nuestras iglesias.
¿Cómo resolvemos los conflictos?
¿Cómo tratamos a nuestros líderes?
¿Permitimos que descansen?
¿Existen estructuras de rendición de cuentas y acompañamiento?
¿Los pastores tienen personas con quienes hablar honestamente?
¿Estamos construyendo comunidades donde la gracia y la verdad también se practican dentro de los equipos de liderazgo?
La Iglesia necesita pastores bíblicamente preparados, espiritualmente maduros y comprometidos con Jesucristo.
Pero también necesita comprender que los pastores son seres humanos y necesitan del mismo cuerpo de Cristo al que han sido llamados a servir.
Hoy queremos animarte a orar por tu pastor y por quienes sirven liderando iglesias. No solamente para que Dios les dé buenos sermones, sino para que proteja su matrimonio, su familia, su salud emocional, su comunión con Cristo y su corazón.
Y quizá haya algo todavía más sencillo que puedas hacer: acercarte a tu pastor y preguntarle cómo está, no como líder, sino como persona.
¿Crees que las iglesias están cuidando suficientemente a sus pastores? Comparte tu reflexión y esta noticia para abrir una conversación necesaria dentro de nuestras congregaciones.








































