Esta semana he vuelto a ver las declaraciones del Papa Francisco en donde afirmaba que “El infierno es un estado, es un estado del corazón, del alma, de una postura frente a la vida, a los valores, a la familia, a todo”. Como cristiano, mi creencia en la existencia del infierno se fundamenta en las enseñanzas de la Biblia, que considero como la palabra inspirada de Dios. La idea del infierno no es algo que se tome a la ligera, ni se aborde con alegría o satisfacción, sino con una profunda reflexión y consideración sobre la naturaleza del amor y la justicia de Dios.
La Biblia, en múltiples pasajes, hace referencia al infierno como un lugar real de castigo para aquellos que rechazan a Dios y su oferta de salvación. Jesús mismo habló sobre el infierno en términos muy claros, advirtiendo sobre el destino eterno de aquellos que viven en rebelión contra Dios. Por ejemplo, en Mateo 25:46, Jesús dice: «Y estos irán al castigo eterno, pero los justos a la vida eterna.»
Entiendo que algunas personas pueden tener dificultades para aceptar la idea del infierno como un lugar literal de tormento eterno. Sin embargo, creo que la existencia del infierno refleja la naturaleza justa y santa de Dios. Dios es amor, pero también es justo. Su justicia demanda que el pecado no quede impune.
Mi creencia en el infierno no se basa en un deseo de condenación para otros, sino en una profunda comprensión del carácter de Dios y en la seriedad del pecado. La existencia del infierno nos recuerda la importancia de tomar decisiones conscientes sobre nuestra relación con Dios y el camino que elegimos seguir en esta vida.
Además, la idea de que el infierno es simplemente un «estado del corazón» o una «postura frente a la vida» parece minimizar la gravedad del pecado y la necesidad de redención. Si bien es cierto que nuestras actitudes y acciones en esta vida tienen consecuencias eternas, no podemos ignorar la realidad de un juicio final y un destino eterno para aquellos que rechazan a Dios.
En resumen, mi creencia en la existencia del infierno se basa en mi comprensión de las enseñanzas de la Biblia y en mi confianza en el carácter justo y amoroso de Dios. No es una creencia que sostenga con ligereza, sino con humildad y reverencia ante el misterio de la justicia divina y la necesidad de salvación que todos enfrentamos.
Esta claro que esta es sólo una breve reflexión, ya estamos desarrollando un estudio sobre este tema.






































