El tema de si las ovejas de una iglesia pueden ser «robadas» por otras iglesias o si eso constituye realmente un robo es una cuestión que suscita mucha reflexión teológica y pastoral. En la vida de una comunidad cristiana, las personas pueden sentirse atraídas por diversas congregaciones por múltiples razones: la predicación, el estilo de adoración, la comunidad, y muchos otros factores. Abordar esta cuestión requiere una consideración cuidadosa de la naturaleza del discipulado cristiano, la unidad del Cuerpo de Cristo, y el llamado pastoral a guiar y cuidar a las ovejas.
Como testimonio personal, he observado que varias personas han dejado la iglesia donde asisto, y muchas de las iglesias en nuestra isla han visto un aumento en su número de miembros debido a estos cambios. Además, algunos pastores formados en nuestra iglesia han decidido abrir sus propias congregaciones, llevándose consigo a algunos miembros de nuestra comunidad.
Desde mi experiencia, solo puedo hablar desde este punto de vista. Aunque en esta breve reflexión intentaré ser imparcial, reconozco que muchas personas tienen conocidos que han cambiado de iglesia, o son líderes y pastores que han visto a sus ovejas abandonar sus congregaciones. La primera reacción a menudo es sentir que se trata de un «robo de ovejas». Sin embargo, es importante examinar esta situación desde una perspectiva más amplia y reflexiva, entendiendo las motivaciones y necesidades que impulsan estos movimientos.
Primero, es esencial recordar que las «ovejas» pertenecen al Buen Pastor, que es Jesucristo. En Juan 10:14-15, Jesús declara: «Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.» Esto subraya que, en última instancia, los creyentes pertenecen a Cristo y no a una congregación o pastor en particular. Nuestra misión como líderes y miembros de la iglesia es guiar a las personas hacia una relación más profunda con Jesús, no hacia nuestra propia autoridad o estructura eclesiástica.
Dicho esto, es natural que los líderes y miembros de una iglesia sientan un sentido de pérdida cuando un miembro se muda a otra congregación. Sin embargo, esta situación no debe ser vista como un robo, sino más bien como una oportunidad para reflexionar sobre cómo estamos cumpliendo con nuestra misión de discipulado y comunidad. Cada iglesia tiene una misión específica y un estilo único, y puede ser que una persona encuentre que otra congregación se alinea mejor con su camino espiritual y necesidades personales.
Es importante abordar esta cuestión con un espíritu de unidad y colaboración en el Cuerpo de Cristo. Pablo nos recuerda en 1 Corintios 12:12-14: «Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo. Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu. Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos.» Esta analogía del cuerpo ilustra que, aunque somos congregaciones individuales, todos somos parte del mismo cuerpo de Cristo y debemos trabajar juntos para edificar el Reino de Dios.
En lugar de ver el movimiento de miembros como un robo, debemos verlo como una llamada a la autoevaluación y la mejora. ¿Estamos ofreciendo un discipulado significativo? ¿Estamos creando un ambiente de amor y apoyo? ¿Estamos ayudando a las personas a crecer en su fe y servicio? Si respondemos afirmativamente a estas preguntas, podemos confiar en que estamos cumpliendo con nuestra misión, independientemente de dónde decidan congregarse las personas. Desde mi punto de vista y esto es a título personal, si una persona es tratada mal, mal discipulada, y con problemas dentro de la misma congregación, no esperemos que sea un fiel miembro. Hagamos un símil con un matrimonio, si un esposo, trata a su esposa como la Biblia nos dice, con «Respeto, Comprensión, Fidelidad, Pureza, Amor, Sacrificio, Comunicación, Edificación…» entonces no creo que esa esposa se vaya con otro hombre, nadie la robará, así que te pregunto ¿Cómo tratas a tus ovejas?
Es crucial mantener una actitud de respeto y apoyo mutuo entre las diferentes iglesias. Debemos evitar actitudes competitivas y, en su lugar, fomentar una cultura de colaboración. Esto puede incluir reuniones pastorales, eventos comunitarios conjuntos, y proyectos de servicio colaborativos. Al hacer esto, no solo fortalecemos nuestras propias congregaciones, sino que también damos un testimonio poderoso de la unidad y el amor de Cristo al mundo.
También debemos ser sensibles a las necesidades y deseos de los miembros de nuestra congregación. A veces, las personas se mueven porque sienten una falta de conexión o porque sus necesidades espirituales no están siendo satisfechas. En estos casos, es vital escuchar y aprender, y, si es posible, hacer ajustes que puedan beneficiar a la comunidad en general.
A continuación, presento algunas citas de pastores y teólogos que abordan este tema desde diferentes ángulos.
Thom Rainer señala que es normal que los pastores sientan un dolor profundo cuando los miembros de su iglesia deciden irse, ya que esto se percibe como una forma de rechazo personal. Sin embargo, enfatiza la importancia de no tomar estas decisiones como algo personal y de mantener la perspectiva de que el ministerio es en última instancia una obra del Señor. Rainer sugiere que los pastores deben enfocarse en las ovejas que permanecen y continuar pastoreándolas con diligencia y amor (Church Answers).
En una reflexión de 9Marks, se anima a los pastores a dar permiso a los miembros para que se vayan cuando sus convicciones teológicas o necesidades ministeriales ya no se alineen con la iglesia actual. Este enfoque permite mantener la unidad y evitar conflictos innecesarios dentro de la congregación. Además, promueve una visión más amplia del Reino de Dios, reconociendo que otras iglesias también pueden ser lugares donde los creyentes crezcan y se desarrollen espiritualmente (9Marks).
Mark Dever de The Gospel Coalition aborda el tema desde la perspectiva de la importancia de la unidad y de evitar que cuestiones terciarias se conviertan en razones para romper la comunión. Dever destaca que en algunos casos, las preocupaciones legítimas pueden justificar una salida, pero siempre debe hacerse con un espíritu de humildad y amor, buscando la unidad en la medida de lo posible (The Gospel Coalition).
Finalmente, en un artículo de Lifeway Research, se aconseja a los pastores que, cuando los miembros decidan irse, los escuchen y comprendan sus razones, y que respondan con oración y bendiciones. Este enfoque no solo ayuda a manejar el dolor de la partida, sino que también puede ofrecer valiosas lecciones para mejorar el ministerio y la vida personal del pastor (Lifeway Research).
Estas perspectivas subrayan la necesidad de manejar estas situaciones con gracia, humildad y un enfoque en el bienestar espiritual de los miembros, reconociendo que el llamado de los pastores es guiar y cuidar a las ovejas del Buen Pastor, Jesucristo.
Entonces el concepto de «robar ovejas» entre iglesias no debe ser visto de manera negativa o posesiva. En lugar de eso, debemos enfocarnos en la fidelidad a nuestro llamado de hacer discípulos, crear comunidades amorosas y colaborativas, y recordar siempre que las ovejas pertenecen al Buen Pastor, Jesucristo. Con esta perspectiva, podemos trabajar juntos para el bien común y la edificación del Reino de Dios, celebrando cada movimiento como una oportunidad para el crecimiento y la expansión de la obra de Cristo en el mundo.







































