Hoy quiero compartir una reflexión que ha tocado profundamente mi corazón, esperando que también toque el vuestro: la protección de Dios en nuestras vidas. En medio de las preocupaciones diarias, los miedos y las incertidumbres, muchas veces nos olvidamos de una verdad fundamental y consoladora: Dios es nuestro protector.
Hace unos meses tuve unos problemas de salud, me sentí abrumado por los desafíos personales que enfrentaba. Después haberme desmayado y estar al borde de la muerte, me senté en la cama y empecé a llorar, y a preguntarle a Dios, ¿Por que?. Pero en ese momento, recordé las palabras del Salmo 91: «El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente». Sentí una paz indescriptible, una certeza de que, no importa cuán fuertes sean las tormentas de la vida, Dios siempre está a nuestro lado, cubriéndonos con Su sombra protectora. Recordé que hace tan sólo un mes había predicado sobre que los hijos de Dios también pasamos por pruebas.
La protección de Dios no significa que no enfrentaremos problemas o que no experimentaremos dolor. Al contrario, Jesús mismo nos advirtió que en este mundo tendríamos aflicciones. Pero también nos aseguró que Él ha vencido al mundo. Esto significa que en medio de nuestras pruebas, tenemos una roca firme donde refugiarnos, una presencia constante que nunca nos abandona.
Reflexionemos un momento sobre nuestra vida. ¿Cuántas veces hemos sentido que estamos solos en nuestros desafíos? ¿Cuántas veces hemos permitido que el miedo y la desesperación nublen nuestra fe? Es en estos momentos cuando más necesitamos recordar que Dios es nuestro refugio y fortaleza, un socorro siempre presente en las tribulaciones (Salmo 46:1).
Pero la protección de Dios también requiere una respuesta activa de nuestra parte. No es solo un acto pasivo de recibir Su cuidado, sino que nos invita a confiar plenamente en Él, a entregar nuestras preocupaciones y miedos en Sus manos. Es una llamada a vivir bajo Su guía y obediencia, sabiendo que Su camino es siempre el mejor para nosotros.
Hoy, te invito a tomar una decisión: confiar en la protección de Dios de una manera más profunda y activa. Entrega a Él esos miedos que te paralizan, esas preocupaciones que te roban la paz. Busca refugio en Su Palabra, en la oración, en la comunión con otros creyentes. Recuerda que, aunque el camino pueda ser incierto, Dios ya ha trazado cada paso con amor y cuidado.
Quiero que hoy, al cerrar esta reflexión, hagas una oración sincera, pidiendo a Dios que te ayude a confiar más en Su protección. Que Él te dé la fe para ver más allá de tus circunstancias y el valor para caminar con seguridad, sabiendo que estás bajo Su sombra protectora.
Con amor y esperanza, Semidan Hierro.










































