Vivimos en tiempos de cambios rápidos y profundos, y estos cambios están afectando también la manera en que criamos a nuestros hijos. Un estudio reciente del American Enterprise Institute ha revelado una tendencia significativa: el 53% de los millennials estadounidenses con hijos prefieren criarlos alejados de la religión. Esta tendencia no se limita solo a Estados Unidos, sino que se está extendiendo a nivel global.
Los millennials, una generación moldeada por la tecnología, la globalización y una mayor conciencia social, han demostrado ser más renuentes a tener hijos en comparación con las generaciones anteriores. Y cuando deciden formar una familia, muchos optan por un enfoque de crianza que excluye la religión.
La forma en que los millennials crían a sus hijos difiere notablemente de la de sus padres y abuelos. La violencia doméstica ha disminuido año tras año, la calidad de la educación ha mejorado considerablemente, y la religión ha dejado de ser una pieza central en la crianza. Este cambio se debe, en gran medida, a una evolución en la comprensión de lo que significa inculcar buenos valores en los niños.
La psicología ha jugado un papel crucial en este cambio de paradigma. Los jóvenes adultos de hoy entienden que no es necesario pertenecer a una religión para enseñar valores como la honestidad, la compasión y el respeto. El estudio del American Enterprise Institute confirma que, mientras el 53% de los millennials prefieren una crianza secular, un 76% de las personas mayores considera que la religión es fundamental para la formación de valores.
El desapego de los millennials hacia la religión no es un fenómeno nuevo. Muchos crecieron en hogares donde la religión no era una prioridad, lo que ha influido en su decisión de criar a sus hijos fuera del ámbito religioso. Sin embargo, aquellos que fueron criados en familias religiosas tienden a continuar esta práctica con sus propios hijos.
Otro factor que influye en la decisión de los millennials es la percepción de que las personas religiosas pueden ser menos receptivas y tolerantes. En una época en la que la inclusión y la igualdad son valores fundamentales, esta percepción puede alejar a los jóvenes padres de las instituciones religiosas.
Como cristiano, me siento llamado a reflexionar sobre estos cambios con ustedes. La fe cristiana nos enseña la importancia de vivir y enseñar valores basados en el amor, la compasión y la justicia. Aunque muchos millennials opten por una crianza secular, los principios cristianos pueden seguir siendo una guía valiosa.
Jesús nos enseñó a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, un valor que trasciende cualquier doctrina religiosa y puede ser inculcado en cualquier hogar, religioso o no. La clave está en vivir una vida ejemplar, que refleje los valores del Reino de Dios, independientemente del contexto religioso en el que nos encontremos.
La tendencia de los millennials a criar a sus hijos fuera del ámbito religioso nos invita a una reflexión profunda sobre cómo vivimos y transmitimos nuestros valores. En un mundo cada vez más diverso e inclusivo, la esencia de la fe cristiana -el amor, la tolerancia y la compasión- sigue siendo relevante. Es nuestra responsabilidad como cristianos mostrar, a través de nuestras acciones, que estos valores pueden y deben ser parte integral de la crianza, ya sea dentro o fuera de una estructura religiosa tradicional.
Hermanos y hermanas, recordemos que la fe no es solo algo que se predica, sino algo que se vive. Y en la forma en que vivimos y criamos a nuestros hijos, podemos reflejar el amor de Dios al mundo.
Que Dios les bendiga abundantemente.







































