Hoy quiero hacerte una pregunta que no solo te desafiará, sino que te llevará a examinar tu corazón: ¿Por qué sigues a Jesús? No te estoy preguntando si crees en Él, si oras o si vas a la iglesia. La pregunta es más profunda: ¿Qué te motiva a seguirle cada día?
En el evangelio de Juan, capítulo 6, vemos cómo Jesús realiza uno de los milagros más conocidos: la multiplicación de los panes y los peces. Con solo cinco panes y dos peces, alimenta a miles de personas. ¡Qué gran muestra de su poder y compasión! Pero lo que vino después me llama mucho la atención. Al día siguiente, esa misma multitud volvió a buscar a Jesús. Querían más. ¿Quién no querría estar cerca de alguien que puede resolver nuestras necesidades materiales de una manera tan milagrosa?
Pero Jesús, conociendo sus corazones, los confronta: “De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis” (Juan 6:26).
Esas personas lo buscaban, sí, pero no lo hacían porque creían en Él como el Mesías, el Salvador del mundo. Lo seguían porque querían más panes, más peces, más milagros. Ellos vieron a Jesús como un solucionador de problemas, no como el Hijo de Dios que había venido a darles vida eterna.
Y aquí es donde te pregunto: ¿Por qué sigues a Jesús?
¿Buscas a Jesús solo por lo que puede darte?
Hoy en día, no somos muy diferentes de esa multitud. Quizás ya no buscamos panes o peces, pero ¿cuántas veces seguimos a Jesús esperando un milagro financiero, una sanidad, una relación sentimental, una solución rápida a nuestros problemas? Claro, Dios puede hacer milagros y proveer para nuestras necesidades. Él es poderoso y amoroso. Pero, si estamos siguiendo a Jesús solo por lo que puede hacer por nosotros, estamos perdiendo de vista lo más importante: quién es Él.
Hay momentos en los que buscamos a Dios cuando las cosas van mal, cuando sentimos que nuestra vida está fuera de control y necesitamos que Él intervenga. Queremos que Él arregle nuestra situación financiera, sane nuestro cuerpo enfermo, o restaure esa relación rota. Y sí, Jesús puede hacer todo eso. Pero la pregunta que debemos hacernos es: ¿Qué sucede cuando no obtenemos lo que estamos pidiendo? ¿Seguimos a Jesús solo cuando Él cumple con nuestras expectativas?
Si nuestra relación con Dios depende únicamente de lo que Él puede hacer por nosotros en lo material o emocional, corremos el riesgo de convertirnos en «seguidores de panes y peces». Seguimos a Jesús solo cuando hay beneficios visibles, pero cuando las pruebas llegan, cuando el milagro no ocurre, cuando las cosas no salen como esperamos, es fácil alejarnos y preguntarnos: «¿Dónde está Dios?»
¿Le sigues por ser el Hijo de Dios?
Pero hay otro tipo de seguidores. Aquellos que siguen a Jesús no solo por lo que Él puede darles, sino por quién es Él. Jesús es el Hijo de Dios, el Salvador del mundo, el único que tiene palabras de vida eterna. Al final del capítulo 6 de Juan, muchos de los que seguían a Jesús lo abandonaron cuando Él les explicó que Él era el «pan de vida» y que debían seguirle no por lo que podía hacer por ellos, sino porque Él era su único camino a la salvación.
Pedro, al ver que muchos se marchaban, le dijo a Jesús: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Juan 6:68). Esa es la respuesta de alguien que ha entendido quién es Jesús. No se trata solo de lo que Jesús puede hacer por nosotros; se trata de quién es Él y de lo que ya ha hecho por nosotros en la cruz.
Jesús no solo vino a proveer para nuestras necesidades temporales. Vino a ofrecernos algo mucho más grande: vida eterna, una relación personal con Él, la paz que sobrepasa todo entendimiento, y la seguridad de que, pase lo que pase en este mundo, tenemos un lugar junto a Él en la eternidad.
¿Qué clase de seguidor eres?
Hoy te invito a hacer un examen de tu corazón. ¿Qué te motiva a seguir a Jesús? ¿Lo buscas solo en los momentos de crisis, solo cuando necesitas un milagro? ¿O le sigues porque has reconocido que, sin importar las circunstancias, Él es el Hijo de Dios, el Salvador, el único digno de toda nuestra adoración?
No me malinterpretes: Dios quiere bendecirnos y suplir nuestras necesidades. Pero Su mayor deseo es que le sigamos por amor, por gratitud, porque le reconocemos como nuestro Señor y Salvador, no solo como un solucionador de problemas.
La pregunta que quiero que te hagas hoy es: ¿Qué sucedería si no obtuvieras ese milagro que estás pidiendo? ¿Seguirías amando y confiando en Jesús?
Jesús nos llama a ser verdaderos discípulos, no seguidores de panes y peces. Él nos llama a tomar nuestra cruz y seguirle (Lucas 9:23). Esto significa seguirlo incluso cuando las cosas no son fáciles, incluso cuando no obtenemos lo que queremos, incluso cuando el camino parece difícil.
Entonces, ¿qué clase de seguidor eres? Hoy es el día para decidir si seguimos a Jesús por lo que puede darnos o porque le amamos y le reconocemos como el Señor de nuestra vida. Que no seamos como la multitud que lo buscaba solo para llenar su estómago, sino como aquellos que lo siguen porque han encontrado en Él el verdadero pan de vida.
Esta es una oportunidad para reflexionar sobre nuestra fe y asegurarnos de que estamos buscando a Jesús por la razón correcta: no por los panes y los peces, sino por ser quien Él es.
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