Un grupo de botánicos ha logrado cultivar con éxito un árbol a partir de una semilla de 1.000 años de antigüedad hallada en el desierto de Judea, lo que representa un importante descubrimiento tanto en el campo de la arqueología como en el de la medicina natural. La semilla fue encontrada en una cueva durante una excavación arqueológica en la década de 1980, pero no fue hasta más de una década después que un equipo de investigadores dirigido por la Dra. Sarah Sallon, del Centro Médico de la Universidad Hadassah, decidió plantarla como parte de un ambicioso proyecto de investigación (Archaeology News) (GreekReporter.com).
La semilla, ahora conocida como “Sheba”, ha dado lugar a un árbol que podría estar relacionado con el bíblico “tsori”, mencionado en textos antiguos como un bálsamo curativo. El “tsori”, a menudo traducido como bálsamo o ungüento, se asocia históricamente con la región de Galaad, al este del río Jordán. Este bálsamo era utilizado en tiempos bíblicos por sus propiedades medicinales y su conexión con rituales sagrados (Archaeology News) (livescience.com).
Después de germinar la semilla, el árbol comenzó a crecer de manera saludable, desarrollando hojas y alcanzando casi tres metros de altura tras 14 años de cultivo. El análisis genético ha demostrado que pertenece al género Commiphora, un grupo de plantas conocido por producir resinas utilizadas en perfumes y medicinas. Aunque en un principio se especuló que podría ser el famoso Bálsamo de Judea, los investigadores descartaron esta posibilidad al no encontrar los compuestos aromáticos típicos de esa especie (livescience.com) (VICE).
Sin embargo, los análisis químicos han revelado que las hojas y la resina de este árbol contienen compuestos bioactivos, incluidos pentacíclicos triterpenoides y esqualeno, que son conocidos por sus propiedades antiinflamatorias y anticancerígenas. Esto ha llevado a los científicos a creer que podría haber sido utilizado en la antigüedad para tratar diversas dolencias, lo que subraya el potencial de esta planta no solo como un descubrimiento arqueológico, sino también como una posible fuente de nuevos tratamientos medicinales (VICE) (GreekReporter.com).
Este hallazgo es especialmente relevante, ya que la capacidad de germinar una semilla milenaria no solo destaca la importancia de la conservación de semillas a lo largo del tiempo, sino que también sugiere que algunas especies de plantas que se creían extintas podrían ser revividas y tener aplicaciones en la medicina moderna. Aunque el árbol Sheba aún no ha florecido ni dado frutos, lo que dificulta su identificación exacta, los investigadores continúan estudiándolo con la esperanza de desbloquear más secretos sobre su origen y sus propiedades medicinales (Archaeology News) (GreekReporter.com).
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